Friday, October 14, 2005
Saturday, October 08, 2005
bandas sonoras
Tengo en mis manos -con tres años de retraso-, un disco que se llama Viva la tristeza. Son las canciones que escuchó Almodovar mientras escribía el guión de Hable con ella. Algo así como la banda sonora alternativa o el soundtrack fantasma de la película. Bien curiosa, por lo demás, porque tiene una mezcla de estilos tan rara como nostálgica ,desde Chavela Vargas a Goldfrapp.Aunque la pelicula me parece sobrevalorada, el cedé me gustó mucho. Me pareció una buena herramienta para entender mejor el proceso creativo del director (según yo, uno de los cineastas que más pegado con las canciones). Igual, lo que resultó más curioso del disco, fue enterarme por el cuadernillo introductorio, que pesa a su melomomanía Alomovodar prefiere trabajar en silencio. Sólo cuando la soledad le pesa, decide acompañarse con música.
"Esos días me levanto mil veces para cambiar el tema musical hasta encontrar el adecuado... Estas canciones me sentaron bien a mí y me acompañaron con la eficacia y la intensidad de un amante secreto".
La idea de acompañarse con canciones, siempre me gustado. No es nueva. La he escuchado otras veces. De hecho, tengo en mente un par de nerds artículos de la Zona de Contacto de la época de Bianchi.
Ejemplos que recuerdo: El utra citado pasaje de Hornby en Alta Fidelidad; El primer capitulo de Heroes de Ray Loriga (Las canciones tapan la tristeza igual que el ruido tapa el silencio. Cuando las canciones se acaban vuelve la tristeza); cantada por The Smiths en Rubber Ring ("But don’t forget the songs that made you smile, and the songs that made you cry") y en estilo mariculto en un diálogo que se llama El crítico artista de Oscar Wilde, que aparece en viejo volumen titulado Intenciones que encontré hace unos días en el persa Bio Bio ("La música siempre produce ese efecto: nos crea un pasado que desconocíamos"). También, la monísima versión en español de Thaks for the music de Abba ("Quiero dar las gracias a las canciones que transmiten emociones").
Más allá del disco de Almodovar, en los últimos días he estabo bien pegado a mis audífonos y con ciertas canciones. En el fondo retomé una vieja costumbre de andar acarreando mi música a todas partes. Y ahora como me tomé unos días alejado de la revista, he tenido harto tiempo para hacerlo. Ya reciclé algunos discos que no escuchaba desde hace rato: Bona Drag de Morrissey, Tour de France de Kraftwerk y la banda sonora de Damage, la película de Malle donde salían Juliette Binoche y Jeremy Irons.
Además pude escuchar otros discos nuevos con la tranquilidad que merecen (como Maximilian Hecker, los anteriores de Antony o el último de Saint Etienne). También volví a mi vieja costumbre de armarme discos para salir a la calle. Igual como antes armaba casettes pa la universidad o para la micro, claro que a diferencia de esa época ahora no son tan down.
Ayer, por ejemplo, fui al centro, a Huérfanos, escuchando un disco con cosas que he escuchado en los desfiles afuera. Como Roisin Murphy o Tiefschwartz , un grupo alemán electrónico. Fue increible, música de pasarela en las orejas y gente común caminando presurosa. Lo mejor fue que a ritmo electrónico, muchos hasta`parecieron tener mejores looks que cualquier desfile altenativamente fashion.
Monday, October 03, 2005
Alone in Pittsburgh

Ayer por la noche me encontré con la vecina en messenger. Estaba algo down . Un estado que últimamente se le ha vuelto un poco común.
La vecina, en realidad se llama Sebastián y desde hace más de un año ya no vive en el edificio que enfrenta a mi departamento desde el pasaje contiguo (de ahí el mote recíproco). Está en una beca de literatura en Pittsburgh, que ganó gracias a los efectivos contactos que logró mientras trabajaba como sociólogo en un organismo de cultura.
Durante este tiempo igual no hemos mantenido en contacto y hace unos meses cuando vino por su vacaciones de verano, en pleno invierno nuestro, nos reunimos un par de veces en casa de la Titi V-G, otra renombrada vecina de este sector. Esas reuniones fueron bastante divertidas, especialmente porque no había perdido la ironía y esa maldad medio suiticona tan cool que lo caracteriza.
Después de este diálogo on line, quedé con la sensación de que no la está pasando bien en su aventura extranjera. Que se siente solo. Perdido en esa ciudad del sur norteamericano. Muy diferente a otras lolas around the world que conozco -como L.V ( Luci Vodanovic, no Louis Vuitton), la Brinck o la pollo, que se reparten en Londres, Montreal y Barcelona, repectivamente- , que en cada mail o conversación msn me dejan claro que no podrían estar mejor que lejos de acá.
Supongo que una cosa de personalidad. La veci siempre ha sido más complicada para sus cosas, más rara y inteligentemente gay (lo que complica todo, porque tiene ideas). Precisamente, esa es una de las razones por la que terminamos siendo amigos, bueno además de su preocupación cuando estuve mal y compartir el mismo espectismo ante la escenita gay.
Ahora, si a su personalidad retraida y los pocos amigos que tiene allá, le sumamos que el Pittsburgh que describe opuesto a cualquiera de los destinos favoritos de los expants chilenos. Es decir una ciudad poco trendy (donde irónicamente nació Warhol y tienen el museo más grande del hombre pop); que además tiene un frio que pela en invierno y un calor idem en verano y está llena de gringos-gringos mid class.
A diferencia con lo que muestra Queer as folk, la serie gay que está ambientada ahí, en los relatos de la veci hay poca música de vanguardia, megadiscotecas y gays de diseño. Sí hartas locas iguales que en todas partes. Locas que se quiebran y no llaman por teléfono, locas artistas de universidad, locas guatonas medio comunistas y muchas locas solas.
