Friday, January 20, 2006

Ne Sao Paulo (sin enie)






De nuevo estoy en la ruta.
Antes de que mal entiendan, aclaro.
Si vuelvo a retomar este blog ahora que estoy en Sao Paulo cubriendo la semana de la moda, es porque este sistema me parece la mejor forma de informar sobre mi estado a los amigos y porque todo lo que escribo aquí luego me sirve para escribir el reporte para la revista.
Sólo eso. No quiero ser como una modelo picante santiaguina, que sólo contesta los mail cuando está viajando para jactarse de que está afuera. Y tampoco sale mucho que digamos.

Llegué ayer miércoles por la tarde, algo atrasado porque los desfiles empezaron ese mismo día por la maniana (acá no hay enie). Igual esa misma noche en el hotel revisé los videos de los desfiles a los que no asistí por la tevé. Y ni tanto fue lo que me perdí. Sólo Herchcovitch, que es bueno pero no para acuchillarse.
Lo que sí me quedó claro en los videos que la apuesta más fuerte de invierno según los brasilenios es el negro bien oscuro.
Total black, bien siniestro y bien gótico, pero algo raro para el mercado local y para un país tan asumidamente tropcial, verde y playero como Brasil.
Si ya es raro que los diseniadores paulistas se den tiempo para crear colecciones invernales con abrigos, mucha lana y botas de cuero para un megapaís donde el verano es algo que no acaba, más inquietante es que esta temporada niegen toda su tradición de color utilizando el negro como básico. Ok, es cierto que venden mucho afuera, pero sus mercado más fuerte es el interno.
Igual la moda es fantasía y bajo esa regla se puede entender que marcas como Sommer y Osklen, hace dos temporadas se inpiraran en Islandia o los centros de ski.
Pero volvamos a las pasarelas.
En mi primer día mirando desfiles (7 en total), pocas cosas me han sorprendido. La primera fue María Bonita, una marca de Río que ahora está acá y que hizo un desfile muy minimal pero con muy buen gusto. Fue en su tienda en el barrio de Jardims. Tenía como invitada a la cantante Marina Lima que cantó Bang-bang de Nancy Sinatra (Sí, la misma canción de Kill Bill) para que caminaran las modelos todas de negro o blanco con ropa de líneas bien simples. La gracia era que superponía prendas dando un efecto medio grunge, pero delicado. Adorei, como dicen acá.
Luego de Cavalera (hizo una cosa presuntuosa medio barroca en los jardines de un museo Ipiranga) y Zapping (ropa muy teen con un soundtrack brit muy refrito que partió con Boloc Party y terminó con This Charming Man de Morrissey)-, tocó el turno de una marca que desde hace rato me viene gustando: Iodice. Ahora presntó una colección bien glamorosa y sofisticada, con aires retro y estilo conservador. Puede sonar a cualquier cosa, pero el resultado fue muy agradable a la vista. Especialmente los vestiditos de cóctel.
Al final vino lo mejor: Ellus. Un desfilazo con ropa de aires bien góticos-románticos que me recordó mucho el video Tonight de los Smashing Pumpkins y que me soprendió porque hace rato esa marca estaba haciendo cosas muy rocking star pero aburridas.
Este show fue una nueva sala de espectáculos increíble que se inaguró a un costado del Museo de Arte Moderno, en el Parque Ibirapuera. Un espacio enorme de líneas geométricas , todo blanco y con una escalera de caracol en centro para subir al teatro. Ahí en el escenario mostraron la colección mientras tocaba en vivo una banda rock tipo The Libertines que se mezclaba con sampleos de violines clásicos, al tiempo que caía desde el cielo hielo seco imitando nieve y las modelos recorrían la pasarela con vestidos negros bien voluminosos, chaquetones con aplicaciones de lentejuelas y plumas. Los chicos en cambio salieron bien a lo dandy dark de Tim burton. Increíble. Al final, dexde el fondo del escenario aparecieron los modelos con levantando una suerte de girnalda de luz, mientras del techo bajaban trapecios con unos tipos llenos de luces y ramos de girasoles. Mucho? Sí, demasiado, pero efectivo. Pura moda espectáculo.
Obviamente el desfile cerró con bajada de telón y gente aplaudiendo de píe y una celebración con champania, de la que muchos pasamos porque sólo queríamos comer y dormir.

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