Largo post dieciochero
Fue entretenido.
Supongo que este fue el 18 más tranquilo de que tengo memoria, pero muy divertido.
Aunque no cumplí con ninguno de mis planes iniciales (primero viajar al norte a ver a mi abuela, luego arrancarme a la playa) y práctica e irónicamente terminé desconectado en la ciudad, no extrañe para nada las antiguas costumbres patrias con que inevitablemte relaciono con estas fiestas.
Toda esa rutina de reuniones de familia, asados con cumbias de soundtrack, borracheras colectivas, un nacionalista acto municipal y calles embanderadas con tiras de desteñido plástico tricolor... en fin, todas esas costumbres que tengo internalizadas por mi crianza en un pueblo chico del norte, donde la gente se produce para ver un curioso desfile en la plaza municipal.
Ese es un espectáculo que ya se quisiera cualquier aficionado a lo bizarro. Se junta toda la gente para contemplar el paso de una caravana que aguantaba todo lo que puede mostrarse: desde una banda escolar con niños flacos con zapatos lustrosos con calcetas deportivas (curiosamente estos chicos tocan la misma marcha desde 1986, cuando yo estudiaba en esa escuela) hasta los dos tristes y sucios camiones de basura (que obviamente no van cargados y son lavados a manguerazos, pero de todas formas parecen insalubres).
Es cierto, que hace casi diez años ya no vivo allá, pero igual durante todo este tiempo siempre he visitado el pueblo para reunirme con mis amigos de infancia. Ellos tampoco viven allá, pero, supongo, que cómo yo igual siente esa extraña atracción medio nostálgica y terminan allá. Igual en los últimos años mis visitas han sido cada vez más acotadas. Con suerte se extienden un par de días. En la última, el año pasado, que realmente fue un flash, estuve acompañado por Gonzalo y pasamos casi todo el tiempo tomando cervezas en la casa de un amigo. Casi no recorrimos el pueblo y Gonzalo se quedó un poco desilucionado porque no vio nada de lo que yo le hablaba.
Este año, estuve a punto de viajar, pero a última hora desistí. Estaba un poco cansado para tomar un bus y viajar siete horas. Entonces decidí quedarme aquí. Fue raro, porque no tenía ningún plan y no me molestó. Tampoco había gente, casi todos viajaron o tenían juntas familiares. De hecho, Gonzalo tenía un asado familiar en casa de su abuela el domingo. Me invitó, pero preferí no ir. Todavía me incomoda un poco eso de estar con sus tías, que supuestamente no saben nada de nosotros. Tonteras mías.
Pero todo no fue quedarme en la casa.
Al contrario. El viernes por la noche salí con DJ, César y, obviamente, Gonzalo. Primero conversamos en mi departamento, después salimos a comer y terminamos bailando en el Fausto, que está más decadente y aburrido que nunca (muy diferente a la carretada y disoluta época del Album Negro, querida Isabel).
Al día siguiente nos juntamos con Darling y su novia para ir a pasear al Parque O"Higgins (Bueno, quería algo de chilenidad). Almorzamos en una fonda y caminamos entre la gente. Fue raro, porque la parejita de lesbianas andaba de la mano y comía de la misma brocheta, y la gente se queba mirándolas. Para más remate la novia de mi amiga es algo dark y con look siouxie (pelo rojo, cara blanca, cadenas y ropa negra), entonces llamaba el doble la atención. Incluso al final, cuando estábamos en metro para volver, un par de niñitas se le acercaron para tomarse una foto con ella. Es raro ver como todavía le gente se sorprende de cosas que mara muchos parecen tan normales.
El domingo pasé casi todo la tarde durmiendo y cerca de las siete fui con mi amiga Cecila al cine. Como buenos patriotas, decidimos ver Play. Reconozco que no me mató, pero me gusto mucho. Especialmente la chica que la progonizaba y esa cosa como melómana que marcaba todo. Además tenías bonitas imágenes, delicadas y más conteplativas que manipuladoras (se notaba que la había dirigido una mujer con nueva mirada y no una tipa tremendista como Tatiana Gaviola). Creo que lo único que guateó fue ese final tan críptico que tiene (La protagonista mirando Santiago hirviendo en calor desde la azotea). Siempre he sido un convencido que lo finales abiertos muchas veces esconden falta de imaginación para cerrar algo inteligentemente. O cansancio.
Y eso. Al final mi 18 fue bien criollo. Fausto, Parque O"Higgings y Play. Pura mezcla.
Supongo que este fue el 18 más tranquilo de que tengo memoria, pero muy divertido.
Aunque no cumplí con ninguno de mis planes iniciales (primero viajar al norte a ver a mi abuela, luego arrancarme a la playa) y práctica e irónicamente terminé desconectado en la ciudad, no extrañe para nada las antiguas costumbres patrias con que inevitablemte relaciono con estas fiestas.
Toda esa rutina de reuniones de familia, asados con cumbias de soundtrack, borracheras colectivas, un nacionalista acto municipal y calles embanderadas con tiras de desteñido plástico tricolor... en fin, todas esas costumbres que tengo internalizadas por mi crianza en un pueblo chico del norte, donde la gente se produce para ver un curioso desfile en la plaza municipal.
Ese es un espectáculo que ya se quisiera cualquier aficionado a lo bizarro. Se junta toda la gente para contemplar el paso de una caravana que aguantaba todo lo que puede mostrarse: desde una banda escolar con niños flacos con zapatos lustrosos con calcetas deportivas (curiosamente estos chicos tocan la misma marcha desde 1986, cuando yo estudiaba en esa escuela) hasta los dos tristes y sucios camiones de basura (que obviamente no van cargados y son lavados a manguerazos, pero de todas formas parecen insalubres).
Es cierto, que hace casi diez años ya no vivo allá, pero igual durante todo este tiempo siempre he visitado el pueblo para reunirme con mis amigos de infancia. Ellos tampoco viven allá, pero, supongo, que cómo yo igual siente esa extraña atracción medio nostálgica y terminan allá. Igual en los últimos años mis visitas han sido cada vez más acotadas. Con suerte se extienden un par de días. En la última, el año pasado, que realmente fue un flash, estuve acompañado por Gonzalo y pasamos casi todo el tiempo tomando cervezas en la casa de un amigo. Casi no recorrimos el pueblo y Gonzalo se quedó un poco desilucionado porque no vio nada de lo que yo le hablaba.
Este año, estuve a punto de viajar, pero a última hora desistí. Estaba un poco cansado para tomar un bus y viajar siete horas. Entonces decidí quedarme aquí. Fue raro, porque no tenía ningún plan y no me molestó. Tampoco había gente, casi todos viajaron o tenían juntas familiares. De hecho, Gonzalo tenía un asado familiar en casa de su abuela el domingo. Me invitó, pero preferí no ir. Todavía me incomoda un poco eso de estar con sus tías, que supuestamente no saben nada de nosotros. Tonteras mías.
Pero todo no fue quedarme en la casa.
Al contrario. El viernes por la noche salí con DJ, César y, obviamente, Gonzalo. Primero conversamos en mi departamento, después salimos a comer y terminamos bailando en el Fausto, que está más decadente y aburrido que nunca (muy diferente a la carretada y disoluta época del Album Negro, querida Isabel).
Al día siguiente nos juntamos con Darling y su novia para ir a pasear al Parque O"Higgins (Bueno, quería algo de chilenidad). Almorzamos en una fonda y caminamos entre la gente. Fue raro, porque la parejita de lesbianas andaba de la mano y comía de la misma brocheta, y la gente se queba mirándolas. Para más remate la novia de mi amiga es algo dark y con look siouxie (pelo rojo, cara blanca, cadenas y ropa negra), entonces llamaba el doble la atención. Incluso al final, cuando estábamos en metro para volver, un par de niñitas se le acercaron para tomarse una foto con ella. Es raro ver como todavía le gente se sorprende de cosas que mara muchos parecen tan normales.
El domingo pasé casi todo la tarde durmiendo y cerca de las siete fui con mi amiga Cecila al cine. Como buenos patriotas, decidimos ver Play. Reconozco que no me mató, pero me gusto mucho. Especialmente la chica que la progonizaba y esa cosa como melómana que marcaba todo. Además tenías bonitas imágenes, delicadas y más conteplativas que manipuladoras (se notaba que la había dirigido una mujer con nueva mirada y no una tipa tremendista como Tatiana Gaviola). Creo que lo único que guateó fue ese final tan críptico que tiene (La protagonista mirando Santiago hirviendo en calor desde la azotea). Siempre he sido un convencido que lo finales abiertos muchas veces esconden falta de imaginación para cerrar algo inteligentemente. O cansancio.
Y eso. Al final mi 18 fue bien criollo. Fausto, Parque O"Higgings y Play. Pura mezcla.

1 Comments:
Inborrable Album Negro, JL... "un daiquiri no más"...
Hoy las cosas son mejores, ¿no? Yo creo que sí, aunque imposible arrepentirse de los cuentos.
Hice lo mismo que tú para mis vacaciones en verano: prefiriendo quedarme en casa antes que encaramarme a un medio de transporte durante casi un día entero. El precio del descanso.
Post a Comment
<< Home