Miss Moss

Bastó que Lady Oscar, con ese tonito de gay sobradamente inteligente, me preguntara hace unos días mi opinión sobre Miss Moss, para que decidiera a escribir sobre los infortunios de la chica más trendy, hermosa y estilosa del planeta.
-Qué piensas de lo de Kate, me dijo L.Oscar dibujando una mueca pituca en su boca y levantando el mentón con una primorosa barba de chivo
- ¿Tan ocioso estás?...
Prefereí no opinar. No quise divertir a mi amigo que le ha dado por llamarme fashionista ("Eres fashionista, de hecho de ahora en adelante cada vez que te invoque será simplemente La Fashionista", escribió hace poco en un comentario).
No tengo nada en contra de Lady Oscar. Siempre he celebrado su acidez, también reconozco que las discuciones con él son lejos una de las más interesantes y lo felicito por su reciente libro que se me hace muy cool.
Lo que pasa es que detesto el término fashionista, porque me resulta manido y tontón. En mi limitado periplo por algunas semanas de la moda, sé que la palabrita que engloba a una manada de locas pretenciosas y exhibicionistas. Aunque en teoría debería involucrar a todos lo que trabajan en torno a la moda, resulta más apropiado para denominar a la gente que está en esto sin aportar nada. Gente que no es diseñador, ni fotógrafo, ni productor, ni modelo, ni periodista. Puros comparsas. Una opción bastante lejana a mis intereses.
Además, detesto cualquier tipo de categorización. Y tengo entendido que Lady Oscar también.
Pero, centrémonos en lo importante: Kate.
Todavía recuerdo que mi abuela el año 90, cuando vió la primera foto de Kate que recorté de una revista Cosas para pegar en un cuaderno, me preguntó cómo podía gustar esa niña tan rara. "No me extrañaría que fuera marihuanera", fue lo que me dijo.
Por eso me cuesta creer que un negocio como la moda, tan trendy, evolucionado y supestamente agudo para captar lo que pasa y convertirlo en tendencia, se sorprenda tanto por algo que mi octogenaria abuela ya intuía desde hace 15 años.
Me pregunto: ¿No es Kate Moss, la misma chica que encarnó el heroin chic de los noventas, la que rehabilitó en la clínica donde estuvo Pinochet? ¿La que aseguró que había pasado la mitad de su carrera en modelaje (que es igual a la mitad de su vida porque partió a los 14 y ahora tiene 31) completamente ebria?. ¿O nadie sabía del consumo de drogas entre las modelos?
Cito algunos casos: Gia Caragi la top ochentera que se murió de sida porque se pinchó hasta el hartazgo de heroina o el video de BBC con un ejecutivo de Elite dándole coca a unas pendex models para tener sexo.
No estoy defendiendo el cosumo de drogas, pero tampoco quiero pecar de cinismo ni mojigatería. Por eso enterarme de que la chica top haya preparado 20 rayas perfectamente alineadas en 40 minutos mientras hacía compañía a su novio rockero, sólo me impresiono por la agilidad de su delgaducha mano más que por la situación misma.
Lo que sí me sorprende, es la hipocresía de la gente que rodea Kate.
Me extraña que creativos de marcas como Chanel -comandados por el turbio Karl Lagerfeld-, desconocieran las costumbres de la top. Raro. Tanto como que inmediatamente, la sacaran de sus campañas porque era un mal ejemplo para los compradores. Como si H&M, Chanel o Burberrys, vendieran productos para el bienestar y la salud.
Lo más curioso, es que a pesar de la mala imagen que aseguran puede significar mantener a Kate como imagen, igual ganaron publicidad con el cuento. Pensemos, qué mejor para estas marcas que lavar su imagen, sacando a la chica y lanzando discursos pontificadores sobre las drogas. Todo gracias a Kate. Ahora, no hay que ser adivino, para imaginar que en dos temporadas más Kate se reconcialará a todas luces con estas etiquetas y nuevamente harán mega campañas con ella (Algo parecido, a lo que en forma más pobre y chula, hizo Rojo con el coquero de Juan David).
Lo otro que me molesta es idea de cierta prensa de tomar a Miss Moss como un "mal ejemplo" que podría afectar a la juventud.
Qué estúpidez.
Voy a reinterpretar la idea que propone Tom Utley en su columna en The Daily Telegraph para explicarlo. El periodista (quien será algo conservador ytendrá un pasado homofóbico, pero no deja de tener razón en este caso), dice que para algunos diseñadores y creativos fashion Kate es un bonito adorno para potenciar sus marcas, pero todos sabemos que el 80 % de las compradoras y seguidoras de la moda no poseen una humanidad remotamente parecida a la inglesa. Y esas mujeres, por muy frivolas que parezcan, también saben que ni con la más pituca gabardina Burberrys ni todos los perfumes Chanel, pueden cambiar eso. Ahora, llevemos esa lógica a las drogas. Incluso la más estúpida de las adolescentes sabe que ni con 20 jales al hilo en una fiesta, podrá llegar a ser tan flaca, estupenda , ni va a ganar millones como Kate.
Creo que decir que Kate es un modelo de conducta para las chicas jóvenes me parece tan estúpido como que Villouta o el Jordi son ejemplos para los gay capitalinos. O que la Consuelo Aldunate interpreta a la treinteañeras solteras. O como que Kenita Larraín representa a las mujeres recién casadas.


